Ermita de Ntra. Sra. de los Ángeles y San Miguel

A inicios de la segunda mitad del siglo XVIII, bien por el estado de conservación de la ermita de los Santos Ángeles y San Miguel, o porque los Marqueses de Nules fuesen partidarios de las nuevas corrientes artísticas que se estaban introduciendo en Valencia, se construyó una nueva ermita, esta vez bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles y San Miguel.

El lugar escogido para su ubicación fueron las eras situadas frente a la del siglo XV, pero al otro lado del camino Real de Vilareal.

La primera piedra se colocó en mayo del año 1752 y en 1758 las obras ya estaban concluidas.

En el momento de iniciarse las obras era marques de Nules Joaquín Catalá de Valeriola, quien murió el día 2 de abril del 1754, sucediéndole su hijo Vicente Catalá. Ambos se caracterizaron por el gran numero de obras que en su época se realizaron en su palacio de la ciudad de Valencia, en la capilla de San Antonio de la catedral de la mentada ciudad y en las diferentes casas, palacios y edificios que para su servicio y el de sus intereses tenían en las poblaciones de sus dominios. Ello conllevó que para ellos trabajasen un buen número de arquitectos, maestros de obras, artesanos y artistas.

Arquitectos como Felipe Rubio y Antonio Gilabert; maestros de obras como Martín Sans, José Palop, Pedro Laviaga, Gregorio Beixer; maestros canteros como Bautista y José Pons; escultores como Francisco e Ignacio Vergara; pintores como José Vergara; doradores como Francisco Lores, y toda una serie de artesanos, ayudaron con sus trabajos a que se manifestase el nivel y prestigio de una de las familias más ilustradas de la nobelza valenciana del segundo tercio del siglo XVIII.

Se ha atribuido la obra de la ermita a Antonio Gilabert, basándose en la oración fúnebre que, con motivo de la muerte del citado arquitecto, se pronunció en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos. Pero hay que remarcar también que, en la época en que se construyó la ermita, era el arquitecto Felipe Rubio quien llevaba el peso de planificar i supervisar la gran mayoría de las obras que se realizaban por encargo de los marqueses de Nules, por lo que no seria nada extraño que esta obra fuera fruto de la colaboración de ambos arquitectos, como sucede también, por ejemplo con la iglesia de Soneja.

A mediados del siglo XVIII, en la misma villa de Nules, Felipe Rubio fue el encargado de proyectar las obras de reforma del palacio, almazara y casa de las rentas. También tenemos documentada la participación del maestro de obras Bautista Pujante en la construcción de la ermita, y la de los escultores Francisco e Ignacio Vergara como autores del retablo que la presidía.

La nueva ermita, sin embargo, no llego a estar abierta al culto mucho más de medio siglo. En septiembre del año 1811 el general Suchet, la fortificó, rodeándola de un alto muro, con el fin de que sirviera de cuartel de las tropas napoleónicas. Por dicha razón en Nules se le adjudicó la conocía como “el Fort”.

Con motivo de la ocupación de la ermita por las tropas francesas, el retablo fue destruido a excepción de las imágenes de los titulares que fueron trasladadas a la iglesia arciprestal de la población.

Tras la guerra de la Independencia la ermita ya no volvió a abrirse al culto y con el paso de los años, tras derruir algunas dependencias, la capilla central fue ocupada y dividida en dos plantas, en la baja se construyo un horno de cocer pan y la superior se destinó a salón comedor de una de las viviendas que a ella se adosaron.

A pesar de la fuerte incidencia de la guerra Civil en el núcleo urbano de Nules, los restos de la ermita no se vieron afectados.

En 1988 la capilla central de la ermita y los edificios que la rodeaban fueron adquiridos por el Ayuntamiento, con el fin de rehabilitarla y ubicar en ella la sede del Museo de Medallística “Enrique Giner”.

Una vez derribadas las construcciones que se le habían añadido, la capilla quedó exenta y, por sus características y la época en que fue construida, podemos enmarcarla dentro del barroco desornamentado y considerarla como un claro precedente de la arquitectura academicista que tanto éxito tendría, ya avanzada la segunda mitad del siglo XVIII, en el antiguo reino de Valencia.

Durante las obras de excavación de su entorno se halló la cimentación de los muros perimetrales de la ermita, lo cual, junto con las llagas que en las paredes exteriores de la capilla central habían dejado las vigas de la cubierta, permitió la reconstrucción de la volumetría externa de la ermita.

La ermita de planta heptagonal en su exterior, se configuraba con una capilla central de planta circular, la cual estaba rodeada por un anillo heptagonal de dos alturas; en la planta baja del cual se ubicaba la sacristía y en la alta, configurada a modo de deambulatorio, se abrían cinco tribunas.

La capilla central, se estructura a modo de cilindro dividido en segmentos de muro, separados por seis pilastras de orden corintio. Todos los segmentos del muro son exactamente iguales, a excepción del ubicado frente a la entrada, que tiene el doble de ancho que el resto pues, al estar destinado a acoger el retablo, vio suprimida la pilastra que lo hubiera dividido en dos. En los lienzos ubicados a ambos lados del altar se abren las puertas las puertas de las sacristías; a este espacio central se abren las cinco ventanas de las tribunas. Tanto las puertas de las sacristías como los huecos de las tribunas están ligeramente abocinados hacia el exterior y cubiertas, las primeras, por arcos rebajados y, el resto, capialzados.

Un amplio entablamento con friso liso y denticulado, sostiene el anillo sobre el que reposa la cúpula, con siete nervios que se proyectan hacia el círculo central en que se abre una elegante linterna de grandes dimensiones. Esta última reproduce a escala la capilla central, ocupando el centro de su cupulilla un medallón radial con decoración fitomorfa. Cabe reseñar que las pilastras de la linterna, de orden compuesto, descansan sobre ménsulas, a modo de placas recortadas.

 

Vicent Felip Sempere, Cronista Oficial de la Villa

 

Testimonios gráficos.

Torres, 1994, p. 176.

Felip, 1999, pp.47-49, 51-52,

Felip, 2000, vol. II, pp. 403-410, 412-415.

 

Testimonios documentales.

A.P:N.: Racionals, s. XVIII.

Archivo Diputación de Valencia (A.D.V.): Duquesa de Almodóvar, e.1.1, libro 10; e 3.3, Cajas 3-4 y libros 21, 28-29.

 

Bibliografía:

Mariner, 1933, fol. 25, 43-44.

Aldana, 1986, pp. 74-75.

Pingarrón, 1982, pp. 57 y 62.

Bérchez, 1993, p. 9.

Torres, 1994, pp. 176-178.

Felip, 1999, pp. 45-59

Felip, 2000, vol. II, pp. 394-398.

Gil, 2004, pp. 456-457.