{"id":1193,"date":"2016-10-26T13:05:11","date_gmt":"2016-10-26T11:05:11","guid":{"rendered":"http:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/?p=1193"},"modified":"2016-10-26T13:05:11","modified_gmt":"2016-10-26T11:05:11","slug":"legado-de-lutero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/2016\/10\/26\/legado-de-lutero\/","title":{"rendered":"LEGADO DE LUTERO"},"content":{"rendered":"<p>Juan Manuel de Prada, art\u00edculo publicado en cuatro partes en ABC los d\u00edas 22, 27 y 29 de agosto y 3 de septiembre de 2016.<br \/>\nI<br \/>\nEn breve comenzar\u00e1n los fastos del quinto centenario del llamado D\u00eda de la Reforma, en el que Lutero clav\u00f3 sus c\u00e9lebres 95 tesis en la puerta de una iglesia de Wittemberg. Aquellas tesis, que romper\u00edan la unidad de la fe, cambiar\u00edan tambi\u00e9n traum\u00e1ticamente las concepciones filos\u00f3ficas, pol\u00edticas, econ\u00f3micas y culturales vigentes, hasta el punto de convertir la protesta luterana en uno de los hechos m\u00e1s importantes de la Historia. La llamada Reforma, a diferencia del cisma de Oriente, no fue una mera controversia eclesi\u00e1stica, sino que supuso un expreso rechazo del Dogma y la Tradici\u00f3n, as\u00ed como una negaci\u00f3n del valor de los sacramentos. Y los dogmas religiosos no son, como el ingenuo (creyente o incr\u00e9dulo) piensa, meras entelequias sin consecuencias sobre la realidad, sino condensaci\u00f3n de verdades sobrenaturales que ejercen un influjo muy hondo sobre nuestra vida. No se puede cortar el tallo de un rosal y pretender que los p\u00e9talos de la rosa no se marchiten.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Durante todo un a\u00f1o, vamos a recibir un bombardeo apabullante sobre las presuntas bondades del legado luterano. Nosotros, en la serie de cuatro art\u00edculos que hoy iniciamos, ofreceremos a las tres o cuatro lectoras que todav\u00eda nos soportan un modesto ant\u00eddoto contra tal avalancha. Ciertamente, la Reforma de Lutero lleg\u00f3 cuando la decadencia de la Iglesia (minada por el concubinato del clero, la rapacidad y avaricia de muchos religiosos y la simon\u00eda institucionalizada) alcanzaba cotas lastimosas. Pero no se pone remedio a los errores cayendo en uno m\u00e1s grande; y la par\u00e1bola evang\u00e9lica del trigo y la ciza\u00f1a ya nos advierte contra el peligro de arrancar la ciza\u00f1a antes de tiempo (que fue, exactamente, lo que quiso hacer Lutero, logrando tan s\u00f3lo desperdigarla).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Al fondo de aquel furor reformista de Lutero palpitaba el fracaso espiritual de un hombre que hab\u00eda hecho esfuerzos \u00edmprobos por alcanzar la uni\u00f3n con Dios. Pero todas sus sacrificios, penitencias y abnegaciones hab\u00edan sido en vano; y segu\u00edan abras\u00e1ndolo las concupiscencias m\u00e1s torpes (en cuya descripci\u00f3n, por pudor, no entraremos), que le causaban enorme angustia y ansiedad. Lutero consider\u00f3 entonces (haciendo una proyecci\u00f3n teol\u00f3gica de sus propias debilidades) que el hombre pecador nada pod\u00eda hacer por alcanzar la salvaci\u00f3n. As\u00ed fue como concluy\u00f3 que Cristo ya hab\u00eda sufrido por nuestros pecados; y que, por lo tanto, ya est\u00e1bamos perdonados. De modo que, para salvarnos, bastaba con que se nos aplicasen los m\u00e9ritos de Jes\u00fas por medio de la fe.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Esta justificaci\u00f3n a trav\u00e9s exclusivamente de la fe se funda en una concepci\u00f3n pesimista de la naturaleza humana, que niega la libertad humana para vencer las tentaciones y tambi\u00e9n la gracia de los sacramentos. El hombre luterano, sin capacidad para sobreponerse al pecado y alumbrado por la sola fide, suprime la mediaci\u00f3n de la Iglesia; y ser\u00e1 su conciencia, iluminada por el Esp\u00edritu Santo, la que ordene su propia vida religiosa e interprete libremente las Escrituras. Y, como escribi\u00f3 el gran Leonardo Castellani con su habitual gracejo, \u00abdesde que Lutero asegur\u00f3 a cada lector de la Biblia la asistencia del Esp\u00edritu Santo, esta persona de la Sant\u00edsima Trinidad empez\u00f3 a decir unas macanas espantosas\u00bb. El libre examen luterano desat\u00f3 la enfermedad de la inteligencia denominada diletantismo, que luego ha contagiado, por proceso virulento de met\u00e1stasis, toda la cultura occidental, primeramente con los ropajes del fatuo endiosamiento intelectual, por \u00faltimo con los harapos lastimosos del deseo de saber sin estudiar y la soberbia de la ignorancia. Las consecuencias de la Reforma luterana en el plano filos\u00f3fico y moral no se har\u00edan esperar.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">II<br \/>\nAl afirmar el principio del libre examen, que atribuye al hombre una facultad omn\u00edmoda para ordenar su vida religiosa, Lutero anticipa el imperativo categ\u00f3rico de Kant, que proclamar\u00eda la suficiencia absoluta de la voluntad humana para emanar normas de conducta, erigi\u00e9ndose as\u00ed el hombre en \u00fanico legislador y \u00e1rbitro de su vida moral. A la vez, con su tesis del servo arbitrio, que juzga al hombre incapaz de elegir el bien, Lutero se convierte involuntariamente en promotor del nihilismo filos\u00f3fico y \u00e9tico.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Lutero, disc\u00edpulo de los nominalistas Wesel y Biel, injert\u00f3 en el pensamiento de sus maestros un asfixiante pesimismo antropol\u00f3gico. Juzgaba que la inteligencia humana, tarada por el pecado original, estaba incapacitada para abstraer lo universal y pensar las cosas del esp\u00edritu; pero, al mismo tiempo, consideraba que era muy apta para desenvolverse con pragmatismo en el mundo. Inevitablemente, un hombre dispensado de discernir un orden moral objetivo puede refugiarse en su conciencia subjetiva. El bien ya no ser\u00e1 una categor\u00eda que el hombre discierne a trav\u00e9s de la raz\u00f3n, sino lo que en cada momento determine que es bueno (o, dicho m\u00e1s descarnadamente, lo que le convenga), y el mal lo que entienda que es malo (o sea, lo que le perjudique). Danilo Castellano observa con perspicacia que esta consideraci\u00f3n de la conciencia permitir\u00e1 luego a Rousseau afirmar en el Emilio que \u00abla conciencia es la voz del alma, como las pasiones lo son del cuerpo\u00bb. Esta conciencia, reducida a mera pulsi\u00f3n subjetiva, acabar\u00e1 conformando al hombre de nuestra \u00e9poca, un amasijo instintivo sin gu\u00eda ni freno, hu\u00e9rfano de raz\u00f3n y responsabilidad. Un hombre que gu\u00eda sus decisiones (que, inevitablemente, ya no ser\u00e1n morales) por la pura espontaneidad, que es la que le permite afirmarse y ser \u201caut\u00e9ntico\u201d, y hasta creer (risum teneatis) que es libre como el viento, aunque s\u00f3lo sea esclavo de sus pasiones. Y de la conciencia instintiva al subconsciente freudiano hay un solo paso.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Inevitablemente, esta concepci\u00f3n luterana del hombre, incapacitado para abstraer lo universal, impondr\u00e1 el abandono de la metaf\u00edsica, que posteriores corrientes filos\u00f3ficas declarar\u00e1n inaccesible (y, con el tiempo, in\u00fatil). Como luego afirmar\u00eda Hegel, \u00abla verdadera figura en que existe la verdad no puede ser sino el sistema cient\u00edfico de ella\u00bb. Es decir, cada escuela filos\u00f3fica debe crear un sistema que se erija en la verdad (por supuesto, refutada por la siguiente escuela). As\u00ed, se concluye en la extravagancia de pensar que la raz\u00f3n humana es suficiente para dar fundamento a toda la vida del hombre, quedando excluido el orden sobrenatural. Y, con el tiempo (porque los sistemas filos\u00f3ficos, al faltarles el sustento de una verdad universal, se tornan pendulares), se concluye en la extravagancia contraria, seg\u00fan la cual la raz\u00f3n humana carece de autoridad para fundamentar la vida, lo que desembocar\u00e1 en los sucesivos escepticismos, relativismos y nihilismos del pensamiento contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Como sostiene Belloc en Europa y la fe, \u00abal negarse la realidad y hasta el ser, se crean sistemas que se mueven en un vac\u00edo atroz, para asentarse finalmente en una negaci\u00f3n y desaf\u00edo universales lanzados contra toda instituci\u00f3n y todo postulado\u00bb. La desaparici\u00f3n del saber metaf\u00edsico acaba degenerando en la b\u00fasqueda de verdades \u201csociol\u00f3gicas\u201d, siempre coyunturales y cambiantes, carentes de fundamentaci\u00f3n real. Y, tarde o temprano, propicia malformaciones y excrecencias irracionales; pues, all\u00e1 donde falta la metaf\u00edsica, afloran como setas un sinf\u00edn de supersticiones enloquecidas, fan\u00e1ticas e imprevisibles. Y surgen entonces, inevitablemente, conceptos pol\u00edticos morbosos. Porque el legado de Lutero tiene tambi\u00e9n, por supuesto, consecuencias pol\u00edticas.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">III<br \/>\nSi la inteligencia humana, tarada por el pecado original, est\u00e1 incapacitada para abstraer lo universal, no pude aspirar a entender las leyes de la pol\u00edtica. De este modo, la doctrina de Lutero se convierte en legitimadora del Estado moderno, concebido como instrumento para ordenar la vida social y reprimir la intr\u00ednseca maldad humana, convirtiendo sus leyes positivas en norma \u00e9tica. Frederick D. Wilhemsen nos hace reparar en la paradoja de que Lutero, que empez\u00f3 azuzando la rebeli\u00f3n de los campesinos alemanes contra sus pr\u00edncipes (pensando que los campesinos lo apoyar\u00edan en su lucha contra Roma), acabase exhortando a los pr\u00edncipes a aplastar del modo m\u00e1s inmisericorde las revueltas campesinas (despu\u00e9s de que los pr\u00edncipes abrazasen con su doctrina). \u00abEn \u00faltimo t\u00e9rmino \u2013escribe Wilhemsen&#8211;, el luteranismo predica que el ciudadano tiene que obedecer al pr\u00edncipe en todo, de una manera ciega, pues el cristiano sabe que la autoridad del pr\u00edncipe viene de Dios, pero no sabe nada de la ley natural, debido a la corrupci\u00f3n de su raz\u00f3n, el \u00fanico instrumento capaz de descubrir esa ley\u00bb.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por supuesto, la monarqu\u00eda ya hab\u00eda tenido tentaciones de hacerse absoluta antes de Lutero. Pero los reyes estaban limitados por una ley humana, la costumbre, y por una ley divina que no pod\u00edan conculcar. Ambas barreras ser\u00e1n anuladas por Lutero, que en su obsesi\u00f3n por combatir al papado convierte al rey en representante de Dios en la tierra, afirmando que todo aut\u00e9ntico cristiano est\u00e1 obligado a someterse incondicionalmente a \u00e9l. La monarqu\u00eda, antes de Lutero, se hab\u00eda acomodado a la sentencia de San Isidoro (\u00abRex eris si recte facias; si non facias, non eris\u00bb); y as\u00ed hab\u00eda llegado a ser, en palabras de Donoso, \u00abel m\u00e1s perfecto de todos los gobiernos posibles, por ser uno, perpetuo y limitado\u00bb. Al apartar esos l\u00edmites que constre\u00f1\u00edan al monarca, Lutero instaura la deificaci\u00f3n del poder civil. El monarca se convierte en objeto de adoraci\u00f3n ciega; su poder ya nunca m\u00e1s se asentar\u00e1 en la \u00abauctoritas\u00bb ni en la \u00abpotestas\u00bb, sino que ser\u00e1 puro ejercicio de la fuerza sin restricciones (o sin m\u00e1s restricciones que los reglamentos que \u00e9l mismo evacua, sometidos a su conveniencia y capricho).<\/p>\n<p dir=\"ltr\">As\u00ed se corrompe el principio de autoridad, hasta su confusi\u00f3n con la mera fuerza desp\u00f3tica. Este quebrantamiento del orden pol\u00edtico \u2013afirma Belloc&#8211; iba a tener un efecto explosivo: el poder que manten\u00eda las cosas unidas se convertir\u00e1 a partir de ese momento en un poder que separa cada una de las partes componentes. En efecto, el poder absoluto mostrar\u00e1 pronto, bajo una falsa fachada unificadora, su \u00edntima vocaci\u00f3n disgregadora, haciendo de la disputa por el poder, la tensi\u00f3n social y la guerra constante el clima natural de una Europa dividida.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Por supuesto, la doctrina luterana sobre la soberan\u00eda absoluta de los reyes ser\u00e1 la que luego, convenientemente desplazada de sujeto, fundamentar\u00e1 el principio de la soberan\u00eda popular. La omnipotencia del pr\u00edncipe se convierte en voluntad popular soberana, cuya esencia sigue siendo la fuerza desp\u00f3tica, capaz de determinar mediante mayor\u00edas el bien y la verdad seg\u00fan su conveniencia y capricho.<br \/>\nWilhemsen sostiene que \u00abla pasividad del alem\u00e1n frente a su gobierno, sea \u00e9ste mon\u00e1rquico, imperial, republicano o nazi, refleja una teolog\u00eda y una religi\u00f3n cuya negaci\u00f3n de la ley natural exige que el hombre obedezca pasivamente, sin preguntar el \u201cpor qu\u00e9\u201d\u00bb. Sospecho que esta reflexi\u00f3n que Wilhemsen circunscribe al alem\u00e1n podr\u00eda extenderse en general al hombre contempor\u00e1neo, que crey\u00e9ndose m\u00e1s soberano que nunca est\u00e1 en realidad sometido pasivamente a poderes ilimitados que ya no controla. Empezando por el poder del Dinero, que el protestantismo liber\u00f3.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">IV<br \/>\nLa rebeli\u00f3n de Lutero dar\u00eda alas a otro cl\u00e9rigo levantisco, Calvino, que como \u00e9l afirm\u00f3 la depravaci\u00f3n de la naturaleza humana y neg\u00f3 que el hombre tuviera libre albedr\u00edo. Calvino a\u00f1adi\u00f3, sin embargo, una dimensi\u00f3n nueva a la doctrina luterana, afirmando la monstruosa doctrina de la predestinaci\u00f3n. Pero, aunque el hombre nada pueda hacer por salvarse, puede \u2013seg\u00fan Calvino\u2013 saber anticipadamente cu\u00e1l es su destino, pues la prosperidad material se erige en signo de afecto divino. Esta doctrina abominable desatar\u00eda la avaricia de los pudientes, que empezaron a agitar a las masas contra el Papado; y, mientras las masas estaban entretenidas agit\u00e1ndose y disfrutando de la anarqu\u00eda moral generada por la ruptura con Roma, los ricos las despojaron de sus tierras. \u00abSiempre resulta ventajoso para el rico \u2013afirma Belloc\u2013 negar los conceptos del bien y del mal, objetar las conclusiones de la filosof\u00eda popular y debilitar el fuerte poder de la comunidad. Siempre est\u00e1 en la naturaleza de la gran riqueza (\u2026) obtener una dominaci\u00f3n cada vez mayor sobre el cuerpo de los hombres. Y una de las mejores t\u00e1cticas para ello es atacar las restricciones sociales establecidas\u00bb. A los hacendados y poseedores de grandes fortunas les hab\u00eda llegado, en efecto, una gran oportunidad con la Reforma. En todos los lugares donde la riqueza se hab\u00eda acumulado en unas pocas manos, la ruptura con las antiguas costumbres fue para los ricos un poderoso incentivo. Hicieron como si su objetivo fuese la renovaci\u00f3n religiosa; pero su verdadero fin era el Dinero. Y as\u00ed lograron que su desmesurado af\u00e1n de lucro resultase menos insoportable a los ojos de los pobres, entretenidos con el caramelito de la renovaci\u00f3n religiosa. La doctrina cat\u00f3lica habr\u00eda combatido el industrialismo y la acumulaci\u00f3n de riqueza; pero el protestantismo hizo del af\u00e1n de lucro un signo de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y, mientras crec\u00eda el af\u00e1n de lucro, se consum\u00f3 el \u201caislamiento del alma\u201d, que Belloc considera con raz\u00f3n el m\u00e1s nefasto legado de la Reforma y define como una \u00abp\u00e9rdida del sustento colectivo, del sano equilibrio producido por la vida comunitaria\u00bb. En efecto, el protestantismo introdujo un aislamiento de las almas que, adem\u00e1s de gangrenar la teolog\u00eda, la filosof\u00eda, la pol\u00edtica, la econom\u00eda y la vida social, destruy\u00f3 la unidad ps\u00edquica de la persona. Pues, al cuestionar toda instituci\u00f3n humana y toda forma de conocimiento, aboc\u00f3 a los seres humanos a un desarraigo creciente y a una exaltaci\u00f3n del individualismo cuya estaci\u00f3n final es la desesperaci\u00f3n, como comprobamos en las sociedades modernas, integradas por individuos enfermos de solipsismo y, a la vez, estandarizados y amorfos. Y la disoluci\u00f3n de la religi\u00f3n colectiva facilitar\u00eda, en fin, el encumbramiento de sucesivas idolatr\u00edas sustitutivas, llamadas pomposamente ideolog\u00edas, cuyo c\u00e1liz amargo seguimos hoy apurando hasta las heces.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Y, para terminar \u2013last, but not least\u2013, no podemos dejar de referirnos, entre las consecuencias del luteranismo, a su iconoclasia furibunda, que generar\u00eda un arte inane y acabar\u00eda desembocando en el fe\u00edsmo m\u00e1s exasperado, puro v\u00f3mito de una esterilidad engre\u00edda, que denominamos eufem\u00edsticamente \u201carte contempor\u00e1neo\u201d. Si la tradici\u00f3n cat\u00f3lica, en su esfuerzo por penetrar mejor el contenido de la Revelaci\u00f3n, hab\u00eda fomentado un arte riqu\u00edsimo que halla su paradigma en la belleza inmaculada de Mar\u00eda, la reforma protestante, al declarar la ilicitud del culto a la Virgen y a los santos engendrar\u00eda un arte fosilizado y deshumanizado, cuando no ves\u00e1nicamente nihilista.<\/p>\n<p dir=\"ltr\">Todas estas delicias del legado luterano, y algunas m\u00e1s que se nos quedan en el tintero, vamos a celebrar en este centenario tan divino de la muerte que se nos viene encima.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Juan Manuel de Prada, art\u00edculo publicado en cuatro partes en ABC los d\u00edas 22, 27 y 29 de agosto y 3 de septiembre de 2016. I En breve comenzar\u00e1n los fastos del<a class=\"moretag\" href=\"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/2016\/10\/26\/legado-de-lutero\/\">Leer m\u00e1s&#8230;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1193"}],"collection":[{"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1193"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1193\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1194,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1193\/revisions\/1194"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1193"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1193"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/sanbartolomeysanjaime.es\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1193"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}